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Adolfo Pacheco y Juancho Nieves en Sahagún. Foto Gina Ruz.

Vuelve
y mira el ojo del gaitero.
Mira cómo grita el hombre
en todas las pieles del río,
cómo tiembla el día
con sus hamacas extremas.

Jorge García Usta
Las cosas en el ojo del gaitero

Con los ojos cerrados se escuchan la música, los pasos del baile y el guapirreo de una plaza de pueblo en fiesta. El viento mezcla las notas del bombardino, las trompetas, los trombones y los clarinetes. Huele a esperma quemada, a sudor de bailadores. Se siente el fandango.

Al abrir los ojos, además del patio de viejo convento donde nos encontramos, algo no concuerda. Están las parejas bailadoras, las velas arden, y los músicos tocan un porro, pero con un bajo, percusión, y una alineación de seis gaitas que reemplazan a los instrumentos de viento.

Juancho Nieves y La Tribu Barají, de Sahagún, Córdoba, sorprendieron esa noche de abril al público del I Festival Internacional de Artes Escénicas del Caribe, en Cartagena, con la innovadora propuesta que vienen desarrollando hace 9 años, pero que poco se conoce por fuera de los círculos especializados de la música sabanera: las gaitas afinadas en LA 440, el patrón universal de ajuste y fabricación de instrumentos.

A Nieves, especialista en guitarra clásica del Conservatorio de la Universidad del Cauca, sus amigos lo conocen como un hombre irreverente, con sentido del humor, algo disperso y parrandero, para quien la música no es un trabajo sino un disfrute. Sus colegas lo llaman maestro y es reconocido como una autoridad en la música tradicional de gaitas.

Pero lo que hace este hombre de ojos inquietos y barba gris y despeinada desafía la tradición. De hecho, sería impensable su participación en un festival de gaitas con esta propuesta, aunque ya en todos conocen su trabajo, lo respetan y es frecuente que lo inviten como jurado.

Pedro Arroyo, Juancho Nieves y Elber Álvarez. Foto: Gina Ruz.

“Antes de Juancho Nieves –dice Edward Cortés, su amigo y promotor- era impensable que la gaita tocara con una sinfónica, porque la gaita es desafinada por naturaleza, no puede asimilarse a los demás instrumentos de una orquesta. Este es un trabajo revolucionario”.

Para Cortés, la gaita es un instrumento netamente artesanal, “corroncho” en el sentido en el que se entiende en el campo, es decir, “que no puede salir más allá de lo que conoce”, no puede interactuar con otro tipo de instrumentos porque no compaginan. “Pero las gaitas de Juancho no lo son”, afirma.

Los límites de la gaita vienen desde su forma de fabricación, pues su afinación está dada por la longitud y el diámetro, que varían según quien la elabore. Este es el proceso que Nieves ha estudiado y reformado, para abrirle posibilidades al instrumento para la fusión musical, sin poner en riesgo su esencia.

Los hacedores tradicionales cortan el cardón o pitahaya midiendo la longitud con su brazo, perforan el corazón y hacen los orificios midiendo la distancia entre uno y otro con el dedo pulgar. Al final, montan la cabeza de cera de abejas mezclada con carbón vegetal para darle consistencia, y ponen la boquilla de pluma de pato.

Lo que hacen Nieves y su equipo es la inversión de este proceso: montan primero la cabeza de cera y la plumilla en un tubo de madera, y probando con un afinador electrónico van cortando la gaita hasta el tono que quieren (do mayor, por ejemplo). Luego, a través de una fórmula desarrollada con base en el sistema métrico, ubican los orificios, verificando el ancho de cada uno para la tonalidad perfecta también con el afinador. Esta gaita puede ser incorporada a cualquier formato musical, incluido el sinfónico.

En la fabricación de las gaitas, a Nieves lo acompaña el también músico Elber Álvarez, de Colomboy (corregimiento de Sahagún), ganador de todos los festivales de gaita tradicional que existen en Colombia.

También usan nuevos materiales como el cedro, el pino y el naranjo (que producen mejores sonidos que el cardón, crearon la gaita ensamblada (una cabeza a la cual se le añaden diferentes cuerpos afinados en diversas tonalidades), una especie de gaita plegada que puede alcanzar tonos que sólo con una gaita muy larga se lograrían y gaitas que suenan como trompetas, bombardinos, trombones y clarinetes. Y en eso se ha especializado La Tribu Barají: en interpretar música de banda a punta de gaitas.

Juancho Nieves y la Tribu Barají en el I Festival de Artes Escénicas en Cartagena. Foto: Gina Ruz.

Cántale Toño Fernández
al compás del llamador,
para que sepan que gaita
es cardón, son y tambó.

Y suénale esa maraca
que haga cosquillas sobre su talle,
y se desgaje la esperma
sobre la rueda que deja el baile.

Sabor de Gaita
Adolfo Pacheco Anillo

Tres años estuvo Edward Cortés, gestor cultural reconocido en el ámbito de la música sabanera, empeñado en una más de sus terquedades: que Adolfo Pacheco, uno de los más grandes compositores que ha dado la sabana, grabara sus canciones con las gaitas de Juancho Nieves.

Podría sonar a herejía, siendo Pacheco de la tierra de los Gaiteros de San Jacinto, los portadores más conocidos de esta tradición, con Toño Fernández, el ‘Gaitero Mayor’, a la cabeza. Fernández, el gran improvisador, el que era más que todo el mundo, el que decía que cuando cantaba su poderosa voz despertaba al que estaba dormido, fue durante muchos años amigo y compañero de Adolfo Pacheco.

Pero Pacheco, luego de más de 160 composiciones (La Hamaca Grande, El viejo Miguel, Oye, El Mochuelo, El Cordobés, El Tropezón) y de 70 años de vida, nunca ha grabado con gaitas porque el tono queda muy alto o muy bajito para su voz.

“Eso era antes de Juancho”, le dijo Cortés, quien en un Festival de Sahagún hizo que éste le mostrara a Pacheco sus gaitas y le contara de su trabajo. Pero sólo ahora, tres años después, el compositor sanjacintero accedió.

Dos semanas después de su presentación en Cartagena, Nieves recibió en Sabana Digital Estudio en Sahagún, por segunda vez, al maestro Pacheco, quien dispuso su voz en los 7 temas que faltaban para completar el disco que graban desde hace un par de meses.

La coleta, La Hamaca grande, Cumbia borracha, El Mochuelo, Tigre Farandulero, Cuando lo negro sea bello, Teófilo Mendoza, Oye, Lamento Zambo, Te besé, En tu puerto soñé, Cumbia navideña y Sabor de gaita (que le da nombre al disco), fueron los temas escogidos.

“Usted es un compositor al que todo el mundo conoce como vallenato, porque sus canciones famosas las han grabado como vallenato, pero usted es sabanero. Esta sería una oportunidad para que se conozca su faceta sabanera, le dije. Creo que eso fue lo que lo convenció, le gustó la idea y se entusiasmó”, afirma Cortés.

“Yo tengo 16 cumbias que no se pudieron desarrollar en el ambiente porque el boom del vallenato impidió que la cumbia fuera escuchada y difundida masivamente, pero las conservaba ahí. Apenas oí tocar a Juancho Nieves y con su sistema con casi todas, si no todas las tonalidades, me interesé. Entonces yo digo, este es mi momento”, sostiene Pacheco.

Juancho Nieves, Adolfo Pacheco y Pedro Arroyo durante la grabación del disco. Foto: Gina Ruz.

Los arreglos de los temas del disco son de Nieves, Álvarez y de Pedro Arroyo, otro integrante de La Tribu que hasta ahora sólo había hecho arreglos para bandas de viento pero da buena cuenta de lo aprendido en estos años. El disco ya está en impresión, y será presentado en Cartagena en el III Festival de la Hamaca Grande, en agosto próximo, festival que fue fundado para la defensa y promoción de la música del Viejo Bolívar.

Pacheco sueña con que este disco ayude a terminar con la discriminación hacia la música de gaita, que hace que los gaiteros estén entre los músicos peor pagados: “Los Gaiteros de San Jacinto se ganan el Grammy y cobran 3 millones de pesos por presentación y se lo gana Peter Manjarrés y cobra 40 millones de pesos”, afirma.

“Hay que traspasar las fronteras hay que quitar un poco lo castizo para que lo puedan asimilar internacionalmente, porque esto debe ser internacional”, dice Pacheco, quien afirma que falta promoción y difusión de la música de gaitas.

Y cuando dice internacional está pensando en apuntarle al Grammy Latino que ya ganaron sus paisanos. Nieves es escéptico con esos concursos “pero pienso que es una buena vitrina, así que no me molesta la idea”, dice, mientras encuentra por fin en la guitarra una “figura” que le faltaba para una canción.

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La Tribu Barají está integrada por Juancho Nieves, Elber Álvarez, Pedro Arroyo, Ramiro Villalba, Barney Barrera, Luís Hernández (Gaitas), Jourdan Acosta, Luis Guzmán, Hamilton Hoyos, Leonard Coronado (Percusiones), Fernando Caro (Bajo), Angelita Jiménez, Elber Álvarez (Voces), y María Angélica Rodríguez, Yennys Arrieta, Isabel Lobo, José Antonio Contreras (Bailadores).

Publicado en Dominical de El Universal (Julio de 2011):

http://www.eluniversal.com.co/suplementos/dominical/sabor-de-gaita-afinada-34322 

Y reproducido en Sahagún Noticias (Julio de 2011):

http://sahaguncordoba.com/noticias/?p=1240 

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Rodrigo Rodríguez. Foto: Gina Ruz.

La música sabanera por su riqueza melódica, armonía, creatividad y versatilidad, no gira sólo en torno al acordeón. Sin embargo este instrumento, según la forma en que es interpretado, es un gran diferenciador de estilos, ritmos y géneros en el Caribe colombiano.

Rodrigo Rodríguez es un orgulloso portador de su herencia sabanera. Sanjacintero, cumbiambero, gran admirador de Andrés Landero y Toño Fernández, no sólo es conocido como rey sabanero del acordeón; también fabrica el instrumento y es cantante, compositor, profesor y productor musical.

Ganador de varios festivales (incluyendo el de la cumbia en Monterrey, México), se ha presentado también en Estados Unidos, Venezuela, Panamá, Argentina, Aruba. Además de dirigir el grupo Acorbanda, en formato de acordeón y percusión de banda, con su sello discográfico Producciones Damar promueve la divulgación y promoción de intérpretes y compositores de nuestra música popular.

Portada del disco "35 años después" de Rodrigo Rodríguez.

Han pasado ya 35 años desde que Rodrigo Rodríguez grabara su primera producción musical en Discos Tropical de Barranquilla. Toda una vida en la música que celebra con este doble disco, acompañado de artistas amigos que han compartido con él en estos años.

En este trabajo discográfico se suman a su acordeón las voces de Juan Piña, Otto Serge, Elías Rosado, Miguel Herrera, Boris García, Edward Cortés, Luis Towers, Oswaldo Olivera y Lizardo Bustillo, entre otros, interpretando composiciones de Andrés Landero, Adolfo Pacheco, Calixto Ochoa, Rafael Emiro Ramos, Hernán Villa y del propio Rodríguez.

Tocando en la apertura del I Festival de la Hamaca Grande con el maestro Adolfo Pacheco Anillo (http://youtu.be/dHRYU3ShzSc); como uno de los 80 músicos colombianos escogidos por la Fundación ABC y Playing for change para una nueva versión de “La tierra del olvido” de Carlos Vives (http://youtu.be/swAF6CC_s8k); presentando su nuevo trabajo musical con Juan Piña en homenaje a San Jacinto (http://www.ipcc.gov.co/index.php?option=com_k2&view=item&id=345&Itemid=309), o en una parranda con amigos, Rodrigo es siempre el hombre callado, generoso y sencillo, que sin aspavientos y con mucha persistencia ha logrado consolidar la trayectoria musical que hoy celebramos.

Texto de presentación del disco 35 años después

Septiembre de 2011

Más información en https://www.facebook.com/rodrigo.lora

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